
Y odio enfermarme.En fin, como andan?
Oh, pobre de ti Liam. Bien ¿Tu?

“Shawty right there, she´s got everything I need and i´m tell her one time…”- se encontraba cantando Niall mientras caminaba por las silenciosas calles de Los Ángeles en una tarde de otoño caluroso. Su nuevo hogar no le agradaba demasiado, además de que no se encuentre su restaurante favorito en él, Nialler sentía que esta cuidad estaba cambiando a los chicos. ¿A quienes?, a claro. A Harry, Liam, Zayn y Louis. Parecía como si ellos se habrían vuelto otra persona, diferentes a las originales y eso lo entristecía mucho. Esos cuatro jóvenes infantiles y bromistas quedaron flotando en los turbulentos vientos del pasado, dejando en el camino, hoyos oscuros sin fondo para el rubio. De pronto, un dolor agudo y penetrante creció en su muñeca. Al verla, la cara del joven se horrorizo. La sangre seca, se había adherido a la lana de su sweatter azul. Respirando hondo comenzó a despegarla de su piel, recordando la sensación del filoso metal entrando en sus tejidos. Al terminar, continuó caminando hasta encontrarse con un parque frente suyo. Sin dudarlo, se adentro en el, con la esperanza de ver algo más que solo millones de edificios desembocando contra el cielo.
Se sentó en uno de los bancos de la plaza, a terminar de cantar en voz baja su canción. De nuevo, una molestia se volvió a aparecer en su muñeca. Irritado, quiso voltear para comprobar que otra vez la lana no se haya vuelto a unir con la herida. Pero se llevo un gran susto, al ver que una niña se encontraba a su lado, acariciando su cortadura hecha hace tan solo unas horas. No era una molestia, si no los dedos de la pequeña sobre su muñeca que se encontraban a menor temperatura de lo normal, es decir, heladas. Niall se la quedo observando por un rato, analizando los rasgos de la desconocida. La muchacha tenía cabello rubio ondulado, dorado a los ojos de Horan, largo hasta la cintura. Ojos color almendra, y una sonrisa hermosamente infantil. Al instante, se dio cuenta que era la hija de su hermana, Hanna. Le pregunto varias veces a su sobrina, que hacia aquí y donde se encontraba su madre. Pero ella no daba rastro de vida, solo seguía acariciando y mirando la cicatriz. Sin otra opción, Nialler la tomo en sus brazos y comenzó a buscar a Hanna, con la esperanza de encontrarla. A lo lejos, vio una rubia caminando rápidamente por alrededor de los arboles. Era ella, tenía que serlo. Así que se dirigió hacía la mujer, tratando de lucir tranquilo y tapándose ambas muñecas como podía.
Hanna continuaba preocupada, buscando a su hija. Comenzó a observar por al rededor de los arboles ya que tal vez la niña se encontrara jugando a las escondidas. Se dio vuelta al oír la voz de su hija, ‘Mami’ gritaba la pequeña, feliz y tomada de la mano de un rubio.Resulta que ese rubio era el mismísimo Niall Horan, el soltó a la niñita para que pueda ir a abrazar a su madre, Ella se agacho y la abrazo suavemente.-Oh, cariño no vuelvas a irte así- dijo mirándola mas relajada- ¿Te encuentras bien?- pregunto como típica madre. Miro a Niall y le agradeció- Gracias, Niall-rió- Que bueno que cayo en tus manos y no en las de un desconocido-agrego la rubia, le dio un pequeño abrazo a Nialler y continuaron conversando.
La pequeña niña comenzó a hablar con ambos rubios con mucha confianza y acordaron ir a tomar un helado, a pedido de su hija.Caminaron hasta el puesto de helados y pidieron sus gustos.-¿Cuanto es?- pregunto Hanna al vendedor mientras sacaba su billetera.Quiso pagar pero Niall insistió y no la dejo, al parecer era cabeza dura como ella y tambien caballeroso. Al ver como pagaba y estiraba el brazo, noto algo raro en su muñeca.-Oye…- dijo intrigada-¿Que……, que tienes allí?- dijo señalando su muñeca apenas cubrida por el suéter.
Los nueve meses habían pasado, unos largos nueve meses de embrazo para Hanna. Luego de 3 años junto al amor de su vida, Caleb y su preciosa hija, Hanna no había cambiado demasiado. Seguía siendo la rubia glamourosa de siempre y esperaba que su hija herede eso de ella. En cuanto a Hanna y Caleb, ellos vivan juntos en una bonita casa ubicada en el centro de L.A, una casa moderna con mucho espacio y un guardarropas gigante, como solían gustarle a la rubia. Adoraba pasar tiempo con su pequeña, ya que sentía un amor por ella inexplicable.
Luego de vestirse con un vestido celeste, no muy largo pero tampoco corto y unos zapatos delicados con un poco de tacón, desidio salir al parque con su hija. Era uno de los lugares favoritos de la pequeña, ademas de que a ella le gustaba ir a relajarse allí. Tomo a la pequeña en brazos y se dirigió al parque caminando, ya que no quedaba muy lejos. Al llegar, jugo un poco con su hija y luego se sentó en uno de los bancos a observarla mientras jugaba. Al rato, un hombre se le acerco a preguntarle que hora era, con amabilidad saco su teléfono y le dijo el horario. Rápidamente volvió a voltearse para observar a su pequeña, pero resulta que su hija no se encontraba allí. La desesperación vino a ella y comenzó a buscar la pequeña desesperadamente, no lograba encontrarla y eso hizo que se preocupara muchísimo.